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Cómo poner precio a tus tartas paso a paso (sin regalar tu trabajo)
La primera tarta que vendí la cobré a 20 €. Me pareció hasta caro, porque «total, los ingredientes me habían costado 8 €». Tardé meses en darme cuenta de que con cada tarta que salía de mi cocina estaba pagando yo por trabajar: no contaba mis horas, ni el uso de energía y agua, ni las cajas, entre otros gastos. Si estás empezando a vender tus postres, este artículo es el que a mí me habría gustado leer entonces.
Por qué el precio «a ojo» siempre sale mal
Casi todas empezamos igual: miramos lo que cobra otra repostera en Instagram, restamos un poco «porque yo estoy empezando», y listo. El problema es que ese número no tiene nada que ver con tus costes: ni compras en los mismos sitios, ni tardas lo mismo, ni vives en la misma ciudad. El precio a ojo no es un precio: es una apuesta. Y cuando pierdes, no lo notas en el momento — lo notas a fin de mes, cuando has trabajado muchísimo y no queda nada.
Lo que tu precio tiene que cubrir (sí o sí)
1. Los ingredientes
Es la parte fácil, pero aun así se suele calcular mal: hay que costear lo que usa la receta, no lo que compraste. Si el kilo de mantequilla cuesta 7,50 € y usas 250 g, son 1,88 € — y así con cada ingrediente, cantidad a cantidad. Es la única forma de saber lo que de verdad te cuesta esa tarta, y no la compra de la semana.
2. Tu tiempo
La madre de todos los errores: «como me gusta hacerlo, no me cobro». Tu tiempo es un coste, exactamente igual que el chocolate. Ponte una tarifa por hora — aunque empieces modesta, 10 o 12 €/hora — y apunta las horas de verdad: hornear, montar, decorar, pero también atender a la clienta y limpiar después. Si una tarta te lleva 3 horas y no las cobras, no tienes un negocio: tienes un hobby que encima pagas tú.
3. Los costes que no se ven
El uso del horno y la nevera, el agua, el packaging (cajas, etiquetas, lazos, etc.), las cuotas y comisiones si cobras por plataforma… Ninguno aparece en la receta y todos salen de tu bolsillo. No hace falta calcularlos al céntimo: repartirlos como un pequeño importe fijo (1–3 € aproximadamente o un porcentaje por elaboración según tu caso) ya te acerca muchísimo a la realidad.
4. El margen de beneficio
Cubrir costes no es ganar dinero: es empatar. El margen es lo que hace que tu obrador crezca, absorba imprevistos y te permita reinvertir. En repostería por encargo es habitual aplicar entre un 20 % y un 40 % sobre el coste total, según producto y zona.
La fórmula: Precio = (ingredientes + horas × tarifa + costes indirectos) × (1 + margen)
Un ejemplo real, de principio a fin
Tarta de chocolate y frambuesa de 12 raciones, por encargo:
| Concepto | Cálculo | Importe |
|---|---|---|
| Ingredientes | según receta | 9,80 € |
| Mano de obra | 2,5 h × 10 €/h | 25,00 € |
| Costes indirectos | luz, agua, packaging | 2,20 € |
| Coste total | 37,00 € | |
| Margen | 30 % | 11,10 € |
| Precio de venta | redondeado | 49,00 € |
49 € por una tarta de 12 raciones son unos 4 € por ración. Cuando lo ves así — con cada coste en su sitio — el precio deja de dar vergüenza: está justificado línea a línea, y eso también te da seguridad para comunicarlo a tu clienta.
«Es que a ese precio no me van a comprar»
Puede que a ti también te haya pasado: haces las cuentas bien hechas y el número te asusta. Respira. Tu competencia no es el supermercado: quien encarga una tarta personalizada no está comprando solo bizcocho, está comprando tus manos, tu tiempo y que ese día salga perfecto. Si una clienta solo busca precio, no es tu clienta. Y bajar el precio por miedo no arregla nada: sigues sin cubrir tus costes, solo que ahora con más pedidos.
El precio no se pone una vez: se mantiene vivo
La mantequilla sube, el chocolate sube, el huevo baja… y tu escandallo de enero ya no vale en julio. Revisa tus costes al menos una vez por temporada (yo lo hago una vez al año) y recalcula. Yo esas cuentas las llevo en GEPYR, que recalcula solo el coste de cada receta cuando cambio el precio de una materia prima.